La NASA ha tenido que cancelar una de las operaciones de rescate espacial más ambiciosas de los últimos años después de que la nave encargada de recuperar el observatorio Neil Gehrels Swift sufriera problemas graves de control. La misión pretendía capturar el telescopio en órbita y elevarlo para prolongar varios años su vida útil, pero la nave de rescate comenzó a girar de manera incontrolada poco después de llegar al espacio. Los equipos de ingeniería intentaron recuperar el control durante semanas sin conseguir estabilizar completamente el vehículo.

Una misión diseñada para salvar un telescopio de 500 millones de dólares

Swift lleva estudiando el universo desde 2004 y se ha convertido en una herramienta fundamental para investigar explosiones de rayos gamma y otros fenómenos cósmicos extremadamente energéticos. El observatorio puede detectar estos acontecimientos y orientar rápidamente sus instrumentos hacia ellos para estudiar sus efectos.

La misión de rescate pretendía elevar Swift desde una órbita de aproximadamente 347 kilómetros hasta unos 600 kilómetros. Ese cambio habría reducido considerablemente el riesgo de que el observatorio terminara entrando en la atmósfera terrestre y habría permitido prolongar su actividad científica durante varios años.

La nave de rescate comenzó a girar sin control

La nave LINK, desarrollada por la empresa Katalyst Space, fue lanzada a principios de julio con el objetivo de aproximarse a Swift, capturarlo y posteriormente modificar su órbita. Sin embargo, poco después de alcanzar el espacio comenzó a experimentar problemas de actitud que provocaron una rotación incontrolada.

Los ingenieros consiguieron reducir parcialmente el problema mediante nuevas instrucciones de software destinadas a mejorar el control de orientación, pero la nave nunca llegó a recuperar unas condiciones suficientemente estables para realizar la maniobra de aproximación y captura.

Swift probablemente terminará entrando en la atmósfera

La cancelación significa que Swift continuará perdiendo altura progresivamente debido a la resistencia atmosférica. El observatorio se encuentra en una órbita relativamente baja y, sin una intervención externa que aumente su altura, se espera que finalmente vuelva a entrar en la atmósfera terrestre y se destruya.

El final del observatorio supondrá la pérdida de una infraestructura científica que ha proporcionado información fundamental sobre explosiones estelares, agujeros negros y otros fenómenos violentos del universo durante más de dos décadas.

Un fracaso que también servirá para futuras misiones

Aunque el rescate no ha conseguido su objetivo, Katalyst considera que la misión ha permitido obtener información valiosa sobre las dificultades de realizar operaciones comerciales de mantenimiento en órbita. La empresa había desarrollado y probado LINK en un periodo de apenas nueve meses, dentro de un contrato de aproximadamente 30 millones de dólares.

El proyecto representaba además uno de los primeros intentos estadounidenses de utilizar una nave comercial robótica para prolongar la vida de un satélite científico.

El fracaso de Swift demuestra lo difícil que sigue siendo trabajar con precisión en el espacio: una pequeña pérdida de control puede convertir una misión diseñada durante años en una operación imposible. Sin embargo, las tecnologías desarrolladas para este intento podrían servir como base para futuras misiones capaces de reparar, repostar o cambiar la órbita de satélites sin necesidad de sustituirlos por completo.