El proyecto de captura de energía limpia fuera de la atmósfera ha dejado de ser un concepto teórico para convertirse en una misión aeroespacial formal. Las autoridades comunitarias han dado luz verde al presupuesto operativo para la construcción del primer demostrador comercial de energía solar espacial. La instalación constará de satélites dotados de reflectores ligeros de escala kilométrica diseñados para captar la radiación solar continua en el espacio, donde la intensidad de la luz es constante y no sufre atenuación por capas atmosféricas.

Una vez capturada la energía en las celdas fotovoltaicas de alta eficiencia, la infraestructura orbital la convertirá en un haz de microondas de frecuencia segura y baja densidad de potencia. Este haz será dirigido con precisión milimétrica hacia estaciones receptoras conectadas directamente a la red eléctrica terrestre, convirtiéndose de nuevo en electricidad lista para el consumo de las ciudades sin importar la hora del día ni las condiciones meteorológicas en la superficie.

La ventaja fundamental de este enfoque radica en su capacidad para actuar como una fuente de energía renovable de carga de base, capaz de respaldar los picos de demanda energética cuando las plantas eólicas o solares terrestres reducen su producción. Los responsables del proyecto prevén realizar los primeros lanzamientos de prueba del módulo central durante los próximos años para certificar la estabilidad de la transmisión a gran escala.