Ponerse estas gafas la primera vez es un momento de esos que no se olvidan. Las ventanas flotan a tu alrededor, una película se convierte en una pantalla de cine y tus manos controlan todo sin mando.

Durante veinte minutos piensas que el futuro ya está aquí. Luego empiezas a notar el peso en la cara y el calorcito en la frente, y a la hora ya buscas un descanso.

Para qué sirve hoy

Como cine personal y para ciertas tareas de trabajo con muchas ventanas, sorprende. Como aparato para el día a día, todavía no. Es pesado, se descarga rápido y cuesta lo que un buen portátil y un móvil juntos.

Es una primera generación honesta: enseña un camino apasionante y deja claro que aún faltan un par de vueltas para que sea cómodo y asequible. Verlo de cerca merece la pena, comprarlo es otra conversación.