Las consolas portátiles llevan años prometiendo que puedes jugar a lo grande fuera de casa, pero la batería siempre estropeaba la fiesta. Esta cambia las reglas: seis horas reales con juegos exigentes.

La pantalla es más brillante que la de la competencia y se ve bien incluso con luz de día, algo que se agradece en un tren o en la terraza. El sonido cumple y los gatillos por fin no bailan.

Rendimiento

Mueve juegos actuales con soltura si aceptas bajar algún ajuste. No es una sobremesa, pero para jugar en el sofá o de viaje va sobrada. Y calienta poco, que es lo que suele arruinar estos aparatos.

El golpe definitivo es el precio. Se coloca por debajo de lo que esperábamos, y eso la convierte en la recomendación fácil para quien quiera entrar en el mundo portátil sin hipotecarse.